Mis raíces mas intimas

 




[Por Alejandra Olivares]


No voy a mentirte, estos días han sido de esconderme entre los árboles y avanzar ligeramente de puntillas. Temo no ser suficiente y los sitios me agotan cuando la mirada de otra gente se posa sobre mí. 


He llorado por mi sonrisa prematura y casi hiriente, mi piel se ha secado y me pide a gritos atención. Quiero quitarme este cuerpo, robarme otros ojos, alargarme las piernas. 


Lloro con cada golpe al espejo, me tapo los oídos y me doy media vuelta. Mi manera de querer me empuja contra la pared, todavía me duele el cuerpo y no sé si pueda encontrar el camino de vuelta a mí. 


No vas a volver, te he cerrado todas las puertas. Ya no hay espacio para ti. Quiero compartir mi dolor, pero no será contigo. Mi cuerpo no es un templo, pero sí es mi hogar y es lo único que me pertenece. 


Me estoy levantando. Nunca más reduciré mi cuerpo a la tristeza ni me compararé con otros. Soy exactamente como tengo que ser: Piel morena, piernas cortas y folículos capilares. Tengo hematomas en las rodillas, en los pulmones y en el pecho. 


He sobrevivido demasiadas veces a mis partes profundamente sensibles, he pedido refuerzos y también me he destruido a mí misma. Y aquí estoy, cayéndome, doliéndome, marchitándome.


Quiero comenzar de nuevo, darme la bienvenida, extenderme la mano. Ya no voy a castigarme con máquinas sobre mi pelvis ni pinzas en mis mejillas. No más pellizcos, temblores ni arrepentimientos. 


Aprovecho cada instante para suavizar mis bordes afilados, me enseño a caminar descalza en mi propio terreno y a aceptar un amor sano que me quiera de la misma forma. 


Vuelvo a ser inmortal y abrazo a los fantasmas que hay bajo mis piernas. Construyo mi vida en este lugar como un imán de luz que permite mi hiperpigmentación y mis lunares, mis ojeras y mi vientre dividido, mis cicatrices cubiertas de guirnaldas, mis raíces más íntimas. 


Ya lo han dicho mis ojos: Se han ido mis partes inseguras; me percibo y me quiero rota, cuando las heridas duermen entre rabia y osadía sabiendo que aunque duelan, ya no hay nada que esconder. 


Estoy sanando. Sanar es un trabajo de todos los días. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario